
De Almas y Maestros.
Regalos de literatura y arte
Regalos de literatura y arte
Esa enfermedad terminal…
La eterna obsesión de creer,
los sueños que se construyen para convertirse
en partículas ambientales,
el dolor en el pecho,
la levedad de lo infinito,
la sangre fluyendo con ardor por las venas,
los vuelos psicodélicos
que se estrellan contra la realidad,
las palabras tantas veces repetidas
por la mera necesidad de convencerse
de que existe algo más intenso,
el empeño sin lógica de aferrarse
a ideas llamados sentimientos
o sentimientos inventados por ideas,
la mirada luminosa que tarda un segundo en opacarse,
la fe, las ilusiones, la magia,
la terquedad del deseo…
¡Me enferman como a cada ser
que quiere continuar creyendo en algo que,
aunque lo venere, jamás lo trascenderá!
Deseo vivir en un estado de borrachera lúcida,
con la conciencia de lo inexistente,
con el convencimiento de que todo es una utopía.
Deseo un cerebro cubierto de telarañas
y un cuerpo inerte, sin fugaces momentos de intensidad.
Deseo ignorar lo intenso, lo fugaz y lo eterno,
poseer la conciencia de salir en soledad del útero materno
a una existencia más sola y vacía…
No es para mí el padecimiento de
esa enfermedad terminal,
y, si lo fuera, no lo quiero…
Lo rechazaré, una y mil veces, me negaré
a sus engañosos placeres, a sus trampas de romance,
a sus mentiras de poetas y cantores.
Ya había logrado el nirvana de la no existencia…
¿Tenías que venir a alterar mi vida?
¿No te conforma tu propio sufrimiento de ingenuidad
que necesitaste contagiarme?... A mí… que ya no soy vulnerable
Hace mucho tiempo que mis anticuerpos reaccionaron y dijeron “adiós”
La eterna obsesión de creer,
los sueños que se construyen para convertirse
en partículas ambientales,
el dolor en el pecho,
la levedad de lo infinito,
la sangre fluyendo con ardor por las venas,
los vuelos psicodélicos
que se estrellan contra la realidad,
las palabras tantas veces repetidas
por la mera necesidad de convencerse
de que existe algo más intenso,
el empeño sin lógica de aferrarse
a ideas llamados sentimientos
o sentimientos inventados por ideas,
la mirada luminosa que tarda un segundo en opacarse,
la fe, las ilusiones, la magia,
la terquedad del deseo…
¡Me enferman como a cada ser
que quiere continuar creyendo en algo que,
aunque lo venere, jamás lo trascenderá!
Deseo vivir en un estado de borrachera lúcida,
con la conciencia de lo inexistente,
con el convencimiento de que todo es una utopía.
Deseo un cerebro cubierto de telarañas
y un cuerpo inerte, sin fugaces momentos de intensidad.
Deseo ignorar lo intenso, lo fugaz y lo eterno,
poseer la conciencia de salir en soledad del útero materno
a una existencia más sola y vacía…
No es para mí el padecimiento de
esa enfermedad terminal,
y, si lo fuera, no lo quiero…
Lo rechazaré, una y mil veces, me negaré
a sus engañosos placeres, a sus trampas de romance,
a sus mentiras de poetas y cantores.
Ya había logrado el nirvana de la no existencia…
¿Tenías que venir a alterar mi vida?
¿No te conforma tu propio sufrimiento de ingenuidad
que necesitaste contagiarme?... A mí… que ya no soy vulnerable
Hace mucho tiempo que mis anticuerpos reaccionaron y dijeron “adiós”


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