
Muerte de los sueños
Con la mirada pura y transparente de una niña,
el corazón palpitando latidos nuevos,
el alma limpia, cargada de sueños y fantasías
regalaba al Universo un corazón sin rejas.
Paseaba por la vida sin dudas ni temores,
dando chances y creyendo en la idiota teoría
de que “todos nacen buenos y que, cada quien,
tiene su ángel interno por descubrir.”
Abrió sus manos, con las palmas hacia arriba,
Permitiendo que fluyera toda la ternura,
toda la bondad, toda la belleza, todo lo joven,
Con la mirada pura y transparente de una niña,
el corazón palpitando latidos nuevos,
el alma limpia, cargada de sueños y fantasías
regalaba al Universo un corazón sin rejas.
Paseaba por la vida sin dudas ni temores,
dando chances y creyendo en la idiota teoría
de que “todos nacen buenos y que, cada quien,
tiene su ángel interno por descubrir.”
Abrió sus manos, con las palmas hacia arriba,
Permitiendo que fluyera toda la ternura,
toda la bondad, toda la belleza, todo lo joven,
hasta todas las cosas eternas en las que creía.
Defendió hasta sangrar sus ideales más profundos
a fuerza de caer en la necedad o la tozudez,
pero sin herir a nadie más que a su propio espíritu.
Las propias ilusiones, crucificaron sus sueños
clavaron mil cuchillos en todos los ángulos de su corazón,
tomaron hasta la última gota de su sangre,
devolviéndole un veneno putrefacto y corrosivo…
Le limitaron el horizonte con una imponente,
árida y siempre estática e invariable cordillera,
escondiéndole la amplitud, el movimiento
Defendió hasta sangrar sus ideales más profundos
a fuerza de caer en la necedad o la tozudez,
pero sin herir a nadie más que a su propio espíritu.
Las propias ilusiones, crucificaron sus sueños
clavaron mil cuchillos en todos los ángulos de su corazón,
tomaron hasta la última gota de su sangre,
devolviéndole un veneno putrefacto y corrosivo…
Le limitaron el horizonte con una imponente,
árida y siempre estática e invariable cordillera,
escondiéndole la amplitud, el movimiento
y la libertad del mar,
¡ justo a ella que tanto amó los desafíos de la marea!.
Anhelaba volar muy lejos, quizás a Nunca Jamás,
siendo la compañera amorosa de Peter Pan, el que no quiere crecer.
Pero cubrieron de lastre sus alas y no llegó a despega
Anhelaba volar muy lejos, quizás a Nunca Jamás,
siendo la compañera amorosa de Peter Pan, el que no quiere crecer.
Pero cubrieron de lastre sus alas y no llegó a despega
Al despertar una mañana agobiante, de esas en que el aire
atraviesa caliente las fosas nasales y arde en los pulmones,
descubrió que había perdido en algún sitio sus sueños,
que un corazón lleno de ilusiones, quedó segado de tajo;
que su fuente inagotable de esperanzas…ya no era nada.
Y quiso llorar… Deseó hacer luto por su espíritu.
Darle un homenaje póstumo a la niña muerta en la nada,
que se resistía con firmeza a abandonar el todo, a pesar de las heridas.
Pero la realidad le golpeó finalmente con fuerza el rostro,
secó sus lagrimales, le negó las emociones…
No se movió, no gritó, no mostró rebeldía ni dolor,
simplemente, muy quieta y en silencio, casi inerte y sin expresión,
dejó que se marcharan la inocencia y la ingenuidad
tomadas de la mano del deseo incontenible, aunque agonizante,
de continuar creyendo en la magia, el amor y las verdad.
No puso epitafio en su lápida, ¿qué podía decir…?
Quizás: “Aquí yace un alma que estuvo empecinada en creer,
que quiso volar y cortaron sus alas, que debió abandonar su inocencia
a fuerza de golpes y mentiras, que se negó a dejar de soñar
y tal vez, descanse en algún lugar del infinito parecido a sus sueños”
atraviesa caliente las fosas nasales y arde en los pulmones,
descubrió que había perdido en algún sitio sus sueños,
que un corazón lleno de ilusiones, quedó segado de tajo;
que su fuente inagotable de esperanzas…ya no era nada.
Y quiso llorar… Deseó hacer luto por su espíritu.
Darle un homenaje póstumo a la niña muerta en la nada,
que se resistía con firmeza a abandonar el todo, a pesar de las heridas.
Pero la realidad le golpeó finalmente con fuerza el rostro,
secó sus lagrimales, le negó las emociones…
No se movió, no gritó, no mostró rebeldía ni dolor,
simplemente, muy quieta y en silencio, casi inerte y sin expresión,
dejó que se marcharan la inocencia y la ingenuidad
tomadas de la mano del deseo incontenible, aunque agonizante,
de continuar creyendo en la magia, el amor y las verdad.
No puso epitafio en su lápida, ¿qué podía decir…?
Quizás: “Aquí yace un alma que estuvo empecinada en creer,
que quiso volar y cortaron sus alas, que debió abandonar su inocencia
a fuerza de golpes y mentiras, que se negó a dejar de soñar
y tal vez, descanse en algún lugar del infinito parecido a sus sueños”

